La autenticidad como forma de vivir

Una casa verdaderamente personal no se construye alrededor de una tendencia. Se forma lentamente con aquello que elegimos conservar, recordar y llevar con nosotros.

El anuario reúne los proyectos y profesionales que dieron forma a la muestra en una edición especialmente cuidada, con fotografía y contenido editorial dedicado a la arquitectura, el diseño de interiores y el paisajismo contemporáneo.

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Estamos rodeados de imágenes de casas extraordinarias. Las vemos en revistas, redes sociales, hoteles, restaurantes y plataformas de diseño. Podemos conocer en pocos minutos un departamento en París, una casa en Sao Paulo o una residencia frente al Mediterráneo.

Nunca tuvimos tantas referencias disponibles. Y, sin embargo, esa abundancia plantea una pregunta bastante íntima: ¿cuánto de la casa que queremos realmente nos pertenece?

Una casa puede estar impecablemente diseñada y aun así decir muy poco sobre la persona que vive allí.

La identidad aparece en otra parte. Está en un cuadro comprado hace veinte años que todavía nos emociona; en una silla heredada que decidimos conservar; en los libros acumulados con el tiempo; en una fotografía familiar; en una cerámica encontrada durante un viaje o en una planta que ha crecido durante años junto a la misma ventana.

Esos elementos difícilmente podrían elegirse todos durante una tarde de compras. La casa se construye con tiempo.

El hogar ideal es aquel en el que reconocemos nuestra propia historia.

Esto no significa renunciar al diseño. Todo lo contrario.

El trabajo de un profesional consiste también en descubrir quién vivirá en un espacio antes de decidir cómo debe verse. Entender rutinas, recuerdos, colecciones, costumbres y formas de recibir puede ser tan importante como definir un revestimiento o escoger un mueble.

La verdadera personalización comienza cuando dejamos de preguntar únicamente qué está de moda y empezamos a preguntarnos qué queremos conservar. También cuando aceptamos que una casa puede evolucionar.

No necesita estar completamente terminada el día en que nos mudamos. Algunas de las mejores piezas aparecen años después. Otras cambian de lugar. Una mesa adquiere marcas, una biblioteca crece, un jardín se transforma y ciertos objetos comienzan a tener un valor que nunca imaginamos cuando llegaron.

Ese proceso produce algo difícil de reproducir mediante una tendencia: autenticidad.

CASACOR permite observarlo cada año. Los espacios que permanecen en nuestra memoria suelen ser aquellos en los que podemos reconocer una mirada personal, una forma particular de entender la belleza o una manera distinta de relacionarse con el arte y los objetos.

La casa contemporánea puede ser impecable sin ser impersonal. Puede incorporar nuevas ideas sin borrar el pasado. Puede cambiar sin dejar de reconocerse.

Quizás diseñar una casa consista, finalmente, en encontrar un lugar para todo aquello que queremos llevar con nosotros hacia el futuro.

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Una mirada al diseño, la arquitectura y las nuevas formas de vivir

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