Durante mucho tiempo, hablar de diseño significó hablar de estilos, tendencias, objetos y maneras de organizar un espacio. Hoy la conversación es distinta. La casa ha adquirido un lugar mucho más importante en nuestras vidas y, con ella, también ha cambiado nuestra forma de elegir lo que nos rodea. La pregunta ya no pasa únicamente por cómo queremos que se vea un espacio, sino por algo bastante más personal: ¿cómo queremos vivir?
Ese cambio está transformando el diseño contemporáneo. Las decisiones parecen menos condicionadas por fórmulas y más relacionadas con la identidad de cada persona. Una casa puede reunir una pieza heredada, una obra de arte contemporáneo, diseño brasileño, artesanía peruana y un mueble encontrado durante un viaje sin necesidad de responder a una única época o procedencia. Precisamente en esa mezcla aparecen algunos de los interiores más interesantes de nuestro tiempo.
También estamos aprendiendo a mirar de otra manera aquello que elegimos conservar. Frente a la velocidad con la que durante años aparecieron y desaparecieron tendencias, comienza a tener mayor valor lo que puede acompañarnos durante mucho tiempo: una buena madera, una piedra que cambia con los años, un mueble bien construido, una pieza realizada por un artesano o un objeto cuya importancia está relacionada con nuestra propia memoria. La casa vuelve así a construirse por capas, lentamente, incorporando historias en lugar de simplemente acumulando novedades.
Esta mirada ha devuelto protagonismo al origen de las cosas. Saber quién hizo una pieza, de dónde proviene un material o qué conocimiento existe detrás de determinada técnica empieza a formar parte de su valor. Para países como el Perú, con una extraordinaria tradición artesanal y una enorme diversidad de recursos, esta conversación abre posibilidades especialmente interesantes. Lo local encuentra hoy nuevas formas de expresión, capaces de recoger nuestra identidad desde una mirada plenamente contemporánea.
Al mismo tiempo, bienestar, naturaleza y tecnología están modificando silenciosamente los interiores. La iluminación, la ventilación, la acústica, la presencia de vegetación o la posibilidad de adaptar un espacio a diferentes momentos del día han dejado de ser asuntos secundarios. La tecnología también empieza a ser mejor cuando se percibe menos: integrada, intuitiva y al servicio de la vida cotidiana.
Hay, además, una mayor libertad. Las fronteras entre disciplinas y procedencias son cada vez menos rígidas. Sao Paulo, Lima, Milán, Ciudad de México, París o Copenhague pueden ofrecer referencias completamente distintas y, sin embargo, compartir una misma inquietud: crear espacios capaces de representar a quienes los viven. Esa diversidad probablemente explique por qué resulta cada vez menos relevante definir una casa mediante una sola tendencia.
Desde CASACOR, observar estos cambios ha sido parte de una conversación que se renueva con cada edición. Profesionales de distintas generaciones han utilizado la plataforma para ensayar ideas, cuestionar convenciones y presentar nuevas maneras de entender los espacios. Algunas permanecen; otras pertenecen inevitablemente a su momento. Esa capacidad de registrar cómo cambia nuestra relación con la casa convierte al diseño en un reflejo particularmente revelador de cada época.
Para Julio Pérez-Novoa, director de CASACOR Perú, hay una idea que resume esta manera de entender el diseño: “El hogar ideal es aquel en el que reconocemos nuestra propia historia.” Quizás allí se encuentre una de las claves de lo que viene. No en construir casas perfectas ni en perseguir una estética determinada, sino en crear lugares que puedan contar algo de nosotros.
“El hogar ideal es aquel en el que reconocemos nuestra propia historia.” Una casa adquiere carácter con el tiempo, cuando reúne aquello que hemos elegido conservar: objetos, recuerdos, arte, libros, piezas heredadas o encontradas en distintos momentos de la vida. Es esa suma personal, imposible de reproducir, la que termina convirtiendo un espacio en verdaderamente nuestro.
Las tendencias seguirán cambiando. Nuestra manera de vivir, también. Y el diseño seguirá siendo una de las formas más fascinantes de registrar esa transformación.












