
La casa que elegimos
Por CASACOR | FOTOS TERESA SIFUENTES
agosto 14, 2026 CASACORPERU
Durante mucho tiempo, hablar de diseño significó hablar de estilos, tendencias,
objetos y maneras de organizar un espacio. Hoy la conversación es distinta. La
casa ha adquirido un lugar mucho más importante en nuestras vidas y, con ella,
también ha cambiado nuestra forma de elegir lo que nos rodea. La pregunta ya
no pasa únicamente por cómo queremos que se vea un espacio, sino por algo
bastante más personal: ¿cómo queremos vivir?
Ese cambio está transformando el diseño contemporáneo. Las decisiones
parecen menos condicionadas por fórmulas y más relacionadas con la
identidad de cada persona. Una casa puede reunir una pieza heredada, una
obra de arte contemporáneo, diseño brasileño, artesanía peruana y un mueble
encontrado durante un viaje sin necesidad de responder a una única época o
procedencia. Precisamente en esa mezcla aparecen algunos de los interiores
más interesantes de nuestro tiempo.




procedencias son cada vez menos rígidas. Sao Paulo, Lima, Milán, Ciudad de
México, París o Copenhague pueden ofrecer referencias completamente
distintas y, sin embargo, compartir una misma inquietud: crear espacios
capaces de representar a quienes los viven. Esa diversidad probablemente
explique por qué resulta cada vez menos relevante definir una casa mediante
una sola tendencia.
Desde CASACOR, observar estos cambios ha sido parte de una conversación
que se renueva con cada edición. Profesionales de distintas generaciones han
utilizado la plataforma para ensayar ideas, cuestionar convenciones y presentar
nuevas maneras de entender los espacios. Algunas permanecen; otras
pertenecen inevitablemente a su momento. Esa capacidad de registrar cómo
cambia nuestra relación con la casa convierte al diseño en un reflejo
particularmente revelador de cada época.

Para Julio Pérez-Novoa, director de CASACOR Perú, hay una idea que resume
esta manera de entender el diseño: “El hogar ideal es aquel en el que
reconocemos nuestra propia historia.” Quizás allí se encuentre una de las
claves de lo que viene. No en construir casas perfectas ni en perseguir una
estética determinada, sino en crear lugares que puedan contar algo de
nosotros.

Y luego, el baño: no como estancia funcional, sino como pequeño templo. Allí, la obra de Daniel Arsham se manifiesta en una tina escultórica, un lavadero de líneas orgánicas, un inodoro inteligente y un espejo que parece flotar.

La imagen retroiluminada del mar al fondo sella esta atmósfera casi onírica: la luz filtrada bajo el agua se refleja en las superficies, evocando un arrecife sumergido. En este espacio, el tiempo se disuelve.

Luis Escobar ha dicho que diseñó este espacio para recordarnos que también merecemos pausas, silencio, cuidado. Y esa intención se vuelve tangible. En Brisa Marina los reflejos nos devuelven a nosotros mismos en una versión más calma, más presente.









